EL celular y el deseo
El celular es un rectángulo maldito, máquina que en su inhumano cantar interrumpe los sueños.
Es una máquina que asume que el ser humano no tiene inconsciente ni alma.
Me ha interrumpido mi celular mis sueños con azucenas y amores humanos, y estrellas, y todo aquel espacio vació en mi memoria que no recuerda, pero por el cuál siento melancolía.
La caverna de platón ha entrado en producción en masa, hecha con máxima precisión por las manos de los pueblos olvidados de áfrica y oriente con su sudor sangriento.
Recuerda cada día el retorno histérico de la jornada laboral de millones de seres que no saben a dónde ir ni para qué ir.
Sus sombras nos alteran, nos emocionan, pero permanecemos en nuestra real soledad. Dichas sombras se han vuelto tan poderosas, que el mundo se ha erosionado a las arenas más finas del desierto, el desierto de lo real. Las sombras son autoras de este desierto extenso.
El celular es un ídolo grotesco y erótico, dentro de el se encuentra el vació de las pasiones humanas, una inmanente trascendencia a lo humano en sí. Los objetos han ganado y nosotros sus hijos nos sonrojamos bajo su mirada con vergüenza.
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